🚃 En diciembre, en una estación pequeña al pie del monte Fuji, saldrá vapor del interior de un tren jubilado. Ese tren ya no se moverá. La gracia está precisamente en que no se mueva.

Una sauna aparcada sobre los raíles

Fujikyu, el grupo de transporte y turismo cuyo ferrocarril lleva visitantes a la falda norte del monte Fuji, va a convertir un tren jubilado en una sauna abierta al público. La instalación se llama SADEN, un juego con las palabras japonesas sauna y densha (tren). Abrirá en diciembre de 2026 en la estación de Shimoyoshida, en Fujiyoshida (prefectura de Yamanashi), sin fecha exacta anunciada todavía. La gestionará PICA, la filial de complejos al aire libre del grupo Fujikyu. Según los propios estudios de Fujikyu, nadie en Japón había transformado antes en sauna un tren retirado del servicio comercial.

Recreación de SADEN en la estación de Shimoyoshida, con el vagón repintado de blanco y azul junto a un edificio rotulado SADEN

Fuente: nota de prensa de Fujikyuko Co., Ltd.

El vehículo es la formación 1001 de la serie 1000. Empezó su vida en Tokio, en el ferrocarril Keio Teito, como parte de la serie 5000 original, que debutó en 1963; pasó a la línea Fujikyuko en 1994 y allí trabajó tres décadas. En 2012 recuperó la librea de su etapa en Keio, lo que lo convirtió en una pequeña peregrinación para los aficionados a la fotografía ferroviaria. Su último servicio regular fue el 15 de diciembre de 2024.

Ahora recibirá una carrocería blanca con una franja azul y un horno de sauna. Tanto la sauna como el baño de agua fría quedarán dentro del vagón, sobre los raíles, dentro de la estación. Al lado habrá recepción y una zona interior de reposo con estética de andén, además de un espacio exterior con vistas al monte Fuji. La cabina del conductor no se desmontará, sino que se integrará en la ambientación, y en el interior sobrevive un altavoz con el monograma «KTR» del antiguo Keio Teito. La web oficial dice con claridad que SADEN no va a circular.

Por qué una sauna y por qué dentro de una estación

Si uno solo conoce la sauna como el cuartito alicatado del gimnasio, en Japón la cosa se ha vuelto bastante más elaborada. Los aficionados hablan de totonou, algo así como «quedar afinado»: la calma flotante y despejada que llega después de alternar la sala caliente, una tina de agua fría y un rato al aire libre sin hacer prácticamente nada. Sauna-Ikitai, el buscador especializado que participa en el proyecto, tiene registradas más de 15.000 instalaciones en todo el país y sus usuarios han anotado más de diez millones de sesiones.

Lo que SADEN añade a esa fórmula es el ruido. Shimoyoshida es una estación en activo, así que los trenes seguirán llegando mientras uno aguanta el calor, y Fujikyu vende el sonido y la vibración como parte de la experiencia, no como una molestia que haya que disculpar. Un detalle práctico pesa más de lo que parece para el visitante extranjero: en SADEN se entra en bañador y hombres y mujeres comparten espacio. La mayoría de los baños públicos y saunas de Japón separan por sexos y exigen desnudez, lo que deja fuera a buena parte de quienes llegan por primera vez.

El precio no se ha anunciado. Keiichiro Otsuka, subjefe de la sección económica de la agencia Kyodo y especializado en viajes en tren, preguntó en broma si la tarifa serían 1.000 yenes, en guiño a la serie 1000, y le respondieron que con eso el negocio no se sostendría. A partir de la pista de que costará algo parecido a otras saunas, calcula una tarifa base de entre 2.500 y 3.500 yenes, unos 16 a 22 dólares.

El coche cama azul que desapareció de la recreación

Durante quince años, el terreno donde se construye SADEN acogió un coche cama azul oscuro. El Suhanefu 14-20 es un vagón de la serie 14 fabricado en 1972, cuando los ferrocarriles del país todavía eran estatales, y ese modelo ganó ese mismo año el Premio Blue Ribbon del club de aficionados Japan Railfan Club. En servicio trabajó en el Hokuriku, un expreso nocturno entre Ueno (Tokio) y Kanazawa, en la costa del mar de Japón, suprimido en 2010.

A estos coches se los conoce en Japón como Blue Trains, por el color de los expresos nocturnos con locomotora que en su día recorrían el país de punta a punta. Casi ninguno sigue en pie. Los trenes bala se volvieron más rápidos, los autobuses nocturnos y las aerolíneas de bajo coste se abarataron, y con ellos se fue el motivo para pasar doce horas en una litera.

Fujikyu adquirió el vagón y abrió en abril de 2011 la Blue Train Terrace de Shimoyoshida. La entrada costaba 100 yenes, unos 0,60 dólares, igual para adultos que para niños, y era gratuita para quien viajara en la línea. Dentro se conservaban las literas de 70 centímetros de ancho, superior e inferior, los asientos plegables del pasillo, la fuente de agua fría y el lavabo. En el frontal, el coche luce el emblema de otro servicio distinto, el Fuji, que unió Tokio y Oita hasta marzo de 2009, y un cartel lateral que reza «Fuji, Nishi-Kagoshima, por la línea Nippo». Nishi-Kagoshima se llama hoy Kagoshima-Chuo.

La terraza cerró el 17 de abril de 2026 por las obras en la estación. El coche se apartó a un emplazamiento provisional junto al edificio y luego desapareció de la recreación de SADEN. En las redes empezó a circular el temor de que acabara desguazado.

Otsuka preguntó a varias personas vinculadas al proyecto. El desguace, le dijeron, no está sobre la mesa: Fujikyu seguirá siendo el propietario y estudia trasladarlo a otra estación de la línea para mantenerlo expuesto. A cuál, nadie lo dice. El periodista lanzó alguna hipótesis, entre ellas la estación Monte Fuji, dos paradas en dirección a Kawaguchiko, con el argumento de que un coche con el emblema del «Fuji» encaja ahí. No sacó nada. A principios de agosto de 2026 el destino sigue sin anunciarse.

Los demás vehículos preservados en Shimoyoshida se quedan donde están: una serie 5000 que la empresa encargó nueva en 1975 y que al año siguiente ganó el Premio Laurel del Japan Railfan Club, el coche cabina del primer Fujisan Express de la serie 2000 y un vagón de los servicios de mercancías que la línea abandonó en 1978. Solo uno se suma a la sauna. El morro seccionado del KuMoHa 169-27, fabricado en 1969, llevaba años en la estación con los colores naranja y verde «Shonan» de los expresos estatales; en la recreación aparece repintado de blanco y azul, a juego con SADEN.

Por qué Shimoyoshida

Shimoyoshida no es una estación grande. Según los datos de Información Numérica del Territorio Nacional del Ministerio de Territorio, Infraestructuras, Transporte y Turismo, en el año fiscal 2024 registraba 1.851 pasajeros diarios entre entradas y salidas, la cuarta de la línea Fujikyuko. Aun así, según el medio especializado Norimono News, por ella pasan muchos turistas extranjeros.

A unos treinta minutos a pie cuesta arriba está el parque Arakurayama Sengen, cuyo mirador alinea en un mismo encuadre una pagoda de cinco pisos, los cerezos en flor y el monte Fuji. La pagoda, por cierto, no es un edificio religioso, sino un monumento a los caídos de la zona en la guerra. Esa composición llegó a la portada de la cuarta edición revisada de la Guía Verde Michelin de Japón, publicada en 2015, y detrás llegaron las multitudes. Desde Shinjuku, el expreso limitado Fuji Excursion llega directo a la estación. Fujikyu va a instalar la sauna justo al lado de la estación donde se bajan quienes suben esa cuesta.

Qué hacen otros países con los trenes jubilados

Reutilizar coches retirados no es un invento japonés. Uno de los primeros casos bien documentados es británico, y funcionó a gran escala: en 1933, la compañía London and North Eastern Railway estacionó diez coches gastados en estaciones rurales con buenas vistas y los alquiló como alojamiento de vacaciones. Las compañías rivales copiaron la idea en dos años. En 1935, según los relatos de la historia ferroviaria británica, había 215 de estos «camping coaches» repartidos por 162 emplazamientos. Se daba por hecho que el huésped llegaría en tren, que era de lo que se trataba.

Una sauna dentro de un vagón tampoco es una novedad absoluta. En Imatra, en el sureste de Finlandia, el Wake Park explota en verano una sauna instalada en un antiguo vagón de ganado a orillas del río Vuoksi: diez euros por hora y persona, con la posibilidad de lanzarse directamente al río para enfriarse. Más cerca de Japón, la agencia estatal singapurense JTC y la startup Tiny Pod han convertido un vagón de metro retirado en un hotel de convivencia de ocho habitaciones en el distrito de one-north. Japón tiene un caso aún más cercano: Sauna Metsa Oimachi Tracks, inaugurado en Tokio en marzo de 2026, tiene una «sauna tranvía» que reproduce en madera el interior de un tranvía. Pero no es un vehículo real, y ahí es donde se sostiene el «primero de Japón» de Fujikyu.

Lo llamativo de SADEN es la combinación: un tren que llevó viajeros hasta 2024, dejado sobre sus propios raíles dentro de una estación en activo y reformado por la empresa ferroviaria cotizada que lo poseía como parte de su centenario. Fujikyu se fundó en 1926 y cumplirá cien años el 18 de septiembre de 2026.

Todos los países acaban teniendo trenes que ya no necesitan; lo que cambia es qué hacen con ellos. ¿En tu país los mandan al desguace, o alguno ha terminado convertido en otra cosa?

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