🍜 Un soldado en el frente de Ucrania puntuó sobre 10 una caja de snacks y fideos instantáneos llegada de Japón. Sus notas se convirtieron en un pequeño fanzine japonés: esperaban vender unos 100 ejemplares y acabaron reimprimiendo al menos siete veces esa cifra. Casi todo es una reseña gastronómica sin filtro. La última entrada, no.
Nueve puntos para un palito de papa
El título en japonés viene a decir Reseñas de snacks enviadas desde la trinchera por un soldado ucraniano en activo. Es un zine, es decir, una publicación pequeña y autofinanciada, de las que hacen aficionados y círculos de hobby. Lo publicó en julio de 2026 Team Svitlyny, un grupo de voluntarios japoneses y ucranianos. Se hizo popular en las redes japonesas y, en septiembre, withnews, el medio digital del diario Asahi Shimbun, le dedicó un reportaje amplio.
El autor firma como Pasha y está en su tercer año de servicio. Cada reseña aparece en ucraniano y japonés, una junto a la otra, con una nota sobre 10.
Sobre Jagarico Cheese de Calbee, unos palitos crujientes de papa que se venden en vaso, confiesa que no sabe bien si está comiendo pan o papa. Aun así, el sabor a queso le resulta agradable y no le parece artificial. Nueve puntos.
Su favorito fueron los fideos Men Shokunin de Nissin, sabor salsa de soja. Lo que le ganó fue el sobre: en lugar del polvo con potenciadores de sabor que conocía de su país, dentro había solo una bolsita de salsa de soja. El caldo, escribe, no le dejó la sensación de haberse bebido una bolsa entera de papas fritas. Hasta anotó que entre las verduras deshidratadas había una con forma de flor.
A ratos, la comida le trae otras cosas. Las galletas de camarón le recuerdan que le encantan los camarones y que, desde que entró en el ejército, los compra casi cada vez que puede, y que en cada permiso toma cerveza con su padre acompañada de camarones. Las galletas de arroz con alga le devuelven el olor del mar en Odesa, la ciudad portuaria.
Lo que de verdad contiene la "reseña de fideos"
Los titulares destacan los fideos, pero el fanzine es sobre todo de snacks. Si se cuentan los productos de la ficha publicada en Melonbooks, una tienda en línea japonesa de publicaciones autoeditadas, salen 17 snacks y cinco fideos instantáneos, además de una sopa de miso y un café. Tiene formato A5 y 36 páginas. También se vendió en Bunfree Osaka 14, una feria literaria de fanzines.
Los nombres de esa lista son traducciones literales del ucraniano de Pasha: galletas de alforfón, calamar seco y unos guisantes "¿fritos o quizá horneados? (no está claro)". Cuando no sabe qué es algo, simplemente lo dice.
El hombre que envió la caja
El paquete lo mandó un oficinista de 40 años de la región de Kansai, en el oeste de Japón. En el fanzine, Pasha lo llama Yaponets, que en ucraniano significa japonés.
Conocía a ucranianos desde antes de la guerra. Charlando en un inglés precario con fans de Nintendo en internet hizo amigos en varios países, entre ellos Ucrania, y a veces preparaba fanzines junto con ellos.
En febrero de 2022 llegó la invasión a gran escala de Rusia. Se enteró por la publicación de un amigo, que después dejó de responder. La noticia de que estaba vivo llegó una semana después. Las noticias, sentía él, solo hablaban de frentes y cifras de muertos, y se dio cuenta de lo poco que sabía del país. Así que propuso un libro con la Ucrania de sus amigos, esas cosas cotidianas que no recogen ni Wikipedia ni los noticieros.
El resultado fue Svitlyny, un libro con fotos personales de 20 personas de distintas partes de Ucrania, terminado en agosto de 2025. Las ganancias se donaron a una organización benéfica ucraniana. Quien más fotos mandó, 100, fue Pasha, y un cuadernillo complementario con su historia, Pasha's Story:, quedó entre los primeros en la votación de popularidad de COMITIA, una gran feria de cómics autoeditados.
En su diario, Pasha contaba la alegría de recibir envíos de su madre. Cuando el organizador le preguntó si podía mandarle algo, Pasha le dijo que lo enviara a sus padres y ellos se lo reenviarían. Por el diario sabía que las medicinas y las vendas las proporciona el ejército; lo que alegraba a Pasha eran los caprichos.
Así que fue a una farmacia-droguería de su barrio y eligió snacks y fideos que aguantaran. Un 70 % eran apuestas seguras, como el kabuki-age, una galleta de arroz dulce y salada. El 30 % restante eran rarezas, como sabores a wasabi. Ahí debía terminar la historia. Pero al poco tiempo, Pasha empezó a puntuar los productos en su diario y a enseñárselos a sus amigos.
Agua caliente y un sobre de salsa de soja
Los fideos instantáneos nacieron en Japón en 1958. La Asociación Mundial de Fideos Instantáneos (WINA), que agrupa a los fabricantes del sector, incluye la larga conservación entre sus principios básicos y menciona su uso como ayuda en desastres. La demanda mundial llegó en 2025 a 124.200 millones de raciones. Ligeros, duraderos y listos con agua caliente: si encajaban en un paquete para el frente, era menos por ser japoneses que por esas condiciones tan simples.
Ucrania tiene su propia historia con los fideos instantáneos. Mivina, una marca fundada en Járkov en los años noventa por un empresario de origen vietnamita, se extendió tanto que su nombre pasó a designar cualquier fideo instantáneo. Nestlé compró el negocio en 2010.
Por eso, para Pasha los fideos instantáneos no debían de ser nada exótico. Lo que parece haberle sorprendido son los detalles: una bolsita de salsa de soja en lugar de polvo, una verdura cortada en forma de flor. Si alguna vez te preguntaste por qué los fideos japoneses piden esperar tres, cuatro o cinco minutos, lo explicamos aquí.
La última entrada
El tono ligero fue deliberado. El organizador eligió una portada y una presentación más ligeras que las de los libros anteriores del círculo, y lo editó para que fuera casi solo reseñas de snacks. Quien nunca abriría un libro sobre la guerra quizá sí abra uno sobre snacks. Pero lo que de verdad quería transmitir, contó a withnews, era la realidad de la vida en una trinchera.
De eso se encarga la entrada final, una reseña larga de un vaso de tantanmen, unos fideos picantes de sésamo. Pasha empieza contando que está destrozado físicamente, que le duelen los brazos, la cintura, el cuello, las piernas y la espalda. Sus tareas empiezan a las 4:30 cada día. Luego cuenta que probó otros fideos instantáneos japoneses, que estaban muy buenos, y termina así:
"No comí porque tuviera hambre. Comí porque quería alegría."
Y añade que la consiguió. Después de tantas notas desenfadadas, esa entrada pesa.
La comida no cambia nada
El círculo pensaba vender, como mucho, unos 100 ejemplares. Contando las reservas, acabaron reimprimiendo al menos siete veces esa cifra. La idea era convertir las ventas en más snacks y fideos japoneses para Pasha. El dinero ya supera lo que se puede gastar en snacks y, según el reportaje de septiembre de 2026, su destino se decidirá junto con Pasha.
Hace poco, Pasha mandó su propio agradecimiento: una caja de cartón llena de dulces ucranianos. En el círculo ya hay quien propone un libro sobre el borsch.
Un vaso de fideos no cambia nada en el frente. El fanzine solo deja constancia de que una persona envió una caja y otra comió lo que había dentro y escribió con honestidad lo que pensaba.
Si tuvieras que preparar una caja pequeña para alguien que está lejos, ¿qué pondrías de tu país? ¿Y te gustaría saber qué le pareció?
Referencias
- https://topics.smt.docomo.ne.jp/article/withnews/nation/withnews-9026092400006
- https://www.melonbooks.co.jp/detail/detail.php?product_id=3741388
- https://instantnoodles.org/sustainability/seven_principle/
- https://osaka-info.jp/gourmet/gastronomy-instantramen/
- https://instantnoodles.org/en/noodles/demand/table/
- https://en.wikipedia.org/wiki/Ukrainian_cuisine
- https://eba.com.ua/en/member/tov-nestle-ukrayina/
- https://en.wikipedia.org/wiki/Russian_invasion_of_Ukraine
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