🦷 Un helado en plena ola de calor, el primer trago de cerveza fría y, de pronto, esa punzada eléctrica en un diente que no tiene ninguna caries. Un laboratorio de fisiología de Tokio sospecha que la solución está en ese montoncito verde que acompaña al sushi.
Un equipo del Tokyo Dental College demostró que un compuesto del wasabi japonés obliga a las células que fabrican el diente a producir dentina nueva. El trabajo se publicó el 24 de febrero de 2026 en la revista The Journal of Physiology y la universidad lo anunció el 21 de mayo. En el hospital universitario ya hay en marcha un estudio clínico con pocos participantes, y la vía de administración es un chicle.
El dolor que no viene de una caries
Fuente: KDS4444 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
El diente está hecho de capas. Por fuera, el esmalte, durísimo. Debajo, la dentina, bastante más blanda. Y más adentro, la pulpa, llena de nervios y vasos sanguíneos.
Beber con frecuencia cosas ácidas —vino, refrescos, bebidas con bacterias lácticas— disuelve un poco la superficie del diente. Si a eso se le suma un cepillado demasiado enérgico, la capa exterior se desgasta y la dentina queda expuesta. Ahí empieza el problema, porque la dentina está atravesada por infinidad de túbulos microscópicos llenos de líquido. Basta con algo frío o dulce para que ese líquido se desplace dentro de los túbulos. Los odontoblastos, las células que fabrican la dentina, interpretan ese movimiento como un estímulo y liberan ATP y glutamato sobre las terminaciones nerviosas del diente. La señal llega como un pinchazo rápido y brillante, y desaparece enseguida. Por eso la mayoría aguanta en vez de pedir cita.
Cuánta gente convive con esto es una cifra que baila mucho. Un metaanálisis de 2019 que reunió 65 artículos encontró valores que iban del 1,3 % al 92,1 %, y se quedó con el 11,5 % como mejor estimación y el 33,5 % como promedio de los estudios reunidos.
Tapar el problema o reconstruir el diente
El tratamiento habitual es físico. El dentista rellena la zona con resina o cubre la dentina expuesta con un producto desensibilizante. Funciona, pero es una tapa, y las tapas se caen, sobre todo en dientes donde la mordida no encaja bien.
Hay otra razón para tomarse esto en serio. Cuando la caries avanza hasta que hay que quitar el nervio, el diente pierde el riego sanguíneo y el tejido que lo mantiene, y su vida útil se acorta de golpe. Las muelas, que soportan la mayor fuerza de masticación, ceden muchas veces antes que su dueño. Como ningún sustituto iguala al diente propio, los dentistas se esfuerzan por conservar el nervio.
Yoshiyuki Shibukawa, catedrático de fisiología del Tokyo Dental College, se hizo entonces otra pregunta: en lugar de bloquear la señal, ¿se podría lograr que el diente reconstruyera la capa desgastada?
Todo empezó en la barra de un sushi
Su laboratorio ya había establecido que los odontoblastos tienen TRPA1, una proteína sensora implicada en la formación de dentina. Ese mismo TRPA1 es el receptor que capta el picor del wasabi, el que sube por la nariz. La familia TRP está detrás del Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2021, concedido a David Julius y Ardem Patapoutian por el descubrimiento de los receptores de la temperatura y el tacto.
De ahí salió una hipótesis con un punto de apetito: si las células que fabrican dentina llevan el sensor del wasabi, ¿haría el wasabi que fabricaran dentina?
Según Science Portal, el sitio de noticias científicas de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología, lo que vino después fue puro Tokio. Shibukawa salió a cenar a un restaurante de sushi de Kanda y le preguntó al dueño si conocía a alguien del sector del wasabi. El hombre se fue a la mañana siguiente al mercado de Toyosu y le explicó el asunto a un mayorista de verduras de toda la vida, que llamó directamente a un fabricante de wasabi. A las siete y media de esa mañana sonó el teléfono de Shibukawa: era Isao Okunishi, de Kinjirushi, una empresa de wasabi de Nagoya, que le habló de un compuesto llamado 6-MSITC. La colaboración entre universidad e industria arrancó en esa llamada.

Fuente: Wikimedia Commons (dominio público)
El 6-MSITC, o isotiocianato de 6-metilsulfinilhexilo, se encuentra en el rizoma del wasabi japonés. Kinjirushi lo registró con la marca hexaraphane y lleva años estudiándolo junto a universidades por efectos que no tienen nada que ver con los dientes.
Lo que el compuesto hace dentro de la célula
El equipo enfrentó el 6-MSITC a siete versiones químicamente modificadas de sí mismo en odontoblastos humanos cultivados y midió cuánto mineral depositaban las células. Dos destacaron: el propio 6-MSITC y uno de sus derivados, el 6-MSFITC.
El mecanismo resultó ser un relevo de transportadores de iones. El 6-MSITC activa la anhidrasa carbónica dentro de la célula, que genera iones bicarbonato e hidrógeno. Los transportadores de bicarbonato de la familia SLC4A sacan el bicarbonato. El intercambiador sodio-hidrógeno expulsa hidrógeno y mete sodio. Ese sodio acumulado hace que el intercambiador sodio-calcio funcione al revés, así que entra calcio, y la bomba de calcio de la membrana lo devuelve al exterior, justo en el frente de mineralización. El entorno exterior de la célula se vuelve alcalino y rico en calcio, y se forma dentina terciaria. Si se bloquea con un fármaco cualquier eslabón de la cadena, la mineralización cae.
También lo comprobaron en animales. En cavidades preparadas en dientes de rata, un gel con 6-MSITC a 500 micromolares aplicado durante dos semanas generó más colágeno nuevo, más dentina y más depósito de calcio que en el grupo control tratado con suero fisiológico. Science Portal señala que el efecto no pasa por TRPA1: el sensor que llevó a los investigadores hasta el wasabi no es la ruta que el compuesto acaba tomando. El Tokyo Dental College indica que ha solicitado patentes en Japón y en el extranjero.
Un chicle, no una inyección
En el Hospital Suidobashi de la universidad, en el centro de Tokio, Shibukawa lleva adelante un estudio clínico con personas que dicen evitar los alimentos fríos. Lo que mastican es un chicle con 6-MSITC, sin el picor punzante del wasabi.
Algunos participantes han dicho que volvieron a disfrutar de las cosas frías, y Science Portal describe que se observa cierto efecto. En julio de 2026 el equipo señalaba que planea probarlo en más personas y medir bien los resultados, con la aprobación como medicamento en el horizonte. No hay cifras publicadas del ensayo, no se describe un grupo de control y que alguien diga que el frío ya no le molesta es un indicador blando. Shibukawa dice que quiere desarrollar fármacos regenerativos más seguros y más potentes que los que hoy usa la odontología.
Antes de todo eso
Preguntado por la prevención, Shibukawa dio una respuesta agradablemente poco espectacular. Nada de vino, cerveza, vinagre negro, bebidas con bacterias lácticas ni bebidas deportivas justo antes de dormir, porque queda algo de ácido en las bolsas de la encía y trabaja sobre el diente toda la noche. Enjuagarse y cepillarse después de comer. Aflojar la mano: la presión adecuada está entre 150 y 200 gramos, algo que se comprueba apoyando el cepillo sobre una balanza de cocina como si uno se lavara los dientes. Y si un empaste molesta o la mordida cambió, ir al dentista antes de que llegue la punzada.
En Japón las farmacias tienen estanterías enteras de pastas para dientes sensibles y el consejo estándar es acudir al dentista. Cuando una bebida fría te dispara un diente, ¿a qué recurre la gente donde tú vives?
Referencias
- https://scienceportal.jst.go.jp/stories/20260731_s01/
- https://www.tdc.ac.jp/college/wp/wp-content/uploads/2026/05/7fd3ec79e0ddc9f782d7bffb365df60c.pdf
- https://physoc.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1113/JP287809
- https://www.nobelprize.org/prizes/medicine/2021/press-release/
- https://www.kinjirushi.co.jp/kenkyu/function/
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30639724/
Discusión global
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