💴 Un franco suizo cuesta ya más de 200 yenes. El yen japonés y el franco suizo se llamaron durante años las "monedas gemelas de refugio" de las finanzas globales: cada vez que estallaba una crisis, del desplome financiero de 2008 a la crisis de deuda europea, los inversores se metían en ambas. El 20 de enero de 2026 el franco superó por primera vez los 200 yenes, un récord histórico, y sigue siendo la divisa principal más fuerte del mundo. ¿Cómo acabaron en trayectorias opuestas dos monedas que antes se movían al unísono? La respuesta está en las debilidades estructurales de Japón y en la disciplina fiscal suiza.

La caída del yen desde su condición de refugio

Entre 2008 y 2012, el yen y el franco eran las monedas a las que se acudía en momentos de tensión financiera. Tanto el Banco de Japón como el Banco Nacional Suizo (SNB) peleaban entonces por impedir que sus divisas se apreciaran demasiado, algo que hoy resulta extraño de leer.

El punto de inflexión llegó hacia 2022, cuando se disparó la inflación global y los bancos centrales empezaron a subir tipos. Medido por el tipo de cambio efectivo nominal, un índice compuesto del valor de una moneda frente a varios socios comerciales, el franco ganó cerca de un 11% entre principios de 2022 y principios de 2025, mientras el yen perdía en torno a un 18%. Tres años seguidos el yen ha sido la moneda más débil entre los países desarrollados, y el franco la más fuerte.

El cruce franco-yen lo cuenta con claridad. Hacia 2012, un franco compraba unos 80 yenes. En enero de 2026 superó los 200. En poco más de una década el yen ha perdido más de la mitad de su valor frente al franco.

Más allá del dólar-yen: la debilidad completa

La cobertura mediática suele fijarse en el cruce dólar-yen, que ofrece una imagen incompleta. A principios de 2025 el dólar-yen retrocedió brevemente hasta la zona de 152, lo que dio una sensación momentánea de recuperación. Frente al euro y al franco, en cambio, la caída siguió en una sola dirección.

Yosuke Tsuchida, investigador sénior de Mitsubishi UFJ Research and Consulting, señaló en su análisis para Toyo Keizai Online que la recuperación del yen en términos efectivos nominales fue claramente limitada. Quedarse solo en el dólar-yen, advertía, hace perder de vista la debilidad estructural.

La deuda pública japonesa: la mayor ratio del mundo

Cualquier discusión sobre la credibilidad del yen tiene que pasar por las cuentas públicas. Según el World Economic Outlook del FMI (edición de abril de 2026, estimaciones para 2025), la deuda bruta de las administraciones públicas japonesas equivale al 229,6% del PIB, la más alta del mundo. Con el mismo criterio, Grecia está en el 146,7% e Italia en torno al 137%. El saldo de bonos ordinarios del Estado se estima en unos 1.129 billones de yenes (alrededor de 7,5 billones de dólares) al cierre del ejercicio fiscal 2025.

Año tras año, el gasto supera con holgura los ingresos fiscales y la diferencia se cubre emitiendo más deuda. El envejecimiento de la población hace que el gasto en seguridad social siga creciendo. Japón tiene un objetivo de saldo primario, pero el camino hacia una reducción real de la deuda sigue sin estar claro.

El déficit digital: una fuga invisible

Un factor más reciente es el llamado "déficit digital" (dejitaru akaji): la brecha creciente entre lo que empresas y consumidores japoneses pagan por servicios informáticos extranjeros (nube, sistemas operativos, plataformas de vídeo, publicidad en línea) y lo que Japón ingresa por exportaciones digitales.

En 2024 el déficit digital japonés superó los 6,8 billones de yenes (unos 45.000 millones de dólares), un récord y más del triple del nivel de una década antes. Solo en el primer semestre de 2025 alcanzó 3,48 billones de yenes, cerca de anular el superávit turístico de 3,6 billones registrado en esos mismos meses.

Cuanto más se digitaliza Japón, más dinero fluye hacia Google, Apple, Amazon y Microsoft. La IA generativa acelera ese movimiento. El Ministerio de Economía, Comercio e Industria planteó el problema en su Informe de Economía Digital de abril de 2025.

No todos leen la cifra como una alarma. Un informe del CSIS de junio de 2025 defendía revisar el diagnóstico: el déficit en telecomunicaciones, informática y servicios de información supuso alrededor del 0,53% del PIB en 2024, un nivel comparable al de los seguros y pensiones o al de otros servicios empresariales. Bajo esa lectura, el problema no es el tamaño de la salida sino la ausencia de una exportación digital japonesa que la compense.

Cómo cambió la forma de ganar de Japón

La cuenta corriente japonesa sigue en superávit, unos 32 billones de yenes (213.000 millones de dólares) en el ejercicio fiscal 2025, pero su composición ha cambiado. Antes la movía el superávit comercial. Hoy procede casi por completo de la renta primaria: dividendos e intereses de las inversiones japonesas en el exterior.

El matiz es que buena parte de esa renta se reinvierte fuera en lugar de repatriarse. Sobre el papel Japón ingresa divisas; en la práctica no genera la demanda real de yenes que sostendría la moneda. La balanza comercial se ha instalado en déficit estructural y la de servicios carga con el déficit digital. Como ha argumentado Daisuke Karakama, economista jefe de mercados del Mizuho Bank, la debilidad del yen se explica mejor por la oferta y la demanda que por los diferenciales de tipos.

El contraste suizo: disciplina fiscal y exportaciones de alto valor

Suiza ofrece el contraste. En 2024 la deuda neta del Estado suizo era del 17% del PIB, frente a una media del G7 cercana al 93%, y el país cerró con un superávit fiscal del 0,7% del PIB mientras la mayoría de las economías desarrolladas incurría en déficit.

En el centro de esa salud está el "freno de deuda" (Schuldenbremse), introducido en 2003, que obliga legalmente al Estado federal a equilibrar el presupuesto a lo largo del ciclo económico. La regla ha permitido a Suiza reducir su ratio de deuda de forma sostenida.

En el comercio, las exportaciones suizas de referencia, farmacia y relojería de lujo, son bienes de alto valor con baja elasticidad-precio. La demanda de un Rolex o de un fármaco oncológico de Novartis no desaparece porque el franco suba. Esa estructura crea un círculo en el que una moneda fuerte no erosiona la competitividad exportadora. La automoción japonesa, en cambio, espina dorsal de sus exportaciones durante décadas, compite en precio a escala global y queda más expuesta a los movimientos cambiarios.

Cuando el diferencial de tipos no explica nada

Aquí está la paradoja. El SNB bajó su tipo oficial al 0,0% en junio de 2025 y lo ha mantenido ahí hasta su reunión del 18 de junio de 2026, un año entero sin tocarlo. El Banco de Japón, por su parte, subió al 0,75% en diciembre de 2025 y al 1,0% en junio de 2026, el nivel más alto desde septiembre de 1995. La teoría dice que la moneda con más rendimiento debería atraer capital. Lo que pasó fue lo contrario: el franco siguió subiendo y el yen bajando.

El desajuste demuestra que la fortaleza de una divisa no depende solo de los tipos. Cuentan la sostenibilidad fiscal, la estructura comercial y la confianza del mercado en la trayectoria de largo plazo. Las reservas de divisas del SNB, en torno al 88% del PIB, le dan además una capacidad de intervención considerable.

¿Puede recuperarse el yen?

Revertir el deterioro estructural del yen exige más que intervenciones puntuales o subidas de tipos. Hace falta consolidación fiscal real, competitividad en el sector digital y mecanismos que devuelvan al país los beneficios que las empresas japonesas obtienen fuera.

Japón conserva bazas importantes. Su posición de inversión internacional neta llegó a 561,75 billones de yenes al cierre de 2025, récord por séptimo año consecutivo, junto a una industria con profundo conocimiento técnico y un turismo receptivo en auge.

Aun así, hasta esa posición ha perdido puestos. Japón fue durante 33 años seguidos el mayor acreedor neto del mundo hasta finales de 2023; Alemania lo superó al cierre de 2024 y China al cierre de 2025, dejándolo en tercer lugar. El yen débil no ayuda en esa comparación, y sirve de recordatorio de que un gran volumen de activos exteriores no se traduce por sí solo en confianza en la moneda.

La época en que los inversores compraban yenes por instinto durante las crisis queda cada vez más lejos.

Actualización (julio de 2026): El cruce franco-yen sigue alto. Su máximo de 2026 fue de 204,42 yenes el 21 de abril, y a finales de julio se movía entre 198 y 201. El Banco de Japón acudía a su reunión del 30 y 31 de julio con la expectativa de mantener el 1,0% fijado en junio.

¿Cómo ha cambiado la posición internacional de tu moneda en los últimos años? ¿Qué ventajas y desventajas ves en una moneda fuerte frente a una débil? Nos interesa tu punto de vista.

Referencias