👓 Buenas noticias para quien haya pasado cuarenta minutos frente al espejo probándose monturas: en Japón hay una ciudad que fabrica gafas desde 1905 y que una vez al año se abre entera. Megane Fes 2026 se celebra el sábado 19 y el domingo 20 de septiembre de 2026, la entrada es gratuita, y entre los expositores hay una estudiante de secundaria que diseñó unas gafas pensadas para que parezca que estás a punto de llorar.

Quedan pocas ciudades de las gafas en el mundo

Casi todas las industrias se dispersan. La óptica hizo lo contrario. Si llevas gafas, es bastante probable que alguna de sus piezas haya pasado por uno de esos pocos lugares.

Sabae, en la prefectura de Fukui, en la costa nevada del noroeste japonés: según un estudio que la Oficina Regional de Hacienda de Hokuriku publicó en enero de 2025, esa prefectura fabrica el 93,5% de las monturas japonesas. Belluno, en el norte de Italia, reunía a finales de 2021 unas 360 empresas y 120 unidades dependientes con más de 14.200 empleados, y ese año sus ventas exteriores rozaron los 3.000 millones de euros, cerca del 40% de las exportaciones ópticas italianas; el portal de comercio exterior del Gobierno italiano sitúa al distrito de Belluno y Cadore en torno al 70% de la producción nacional. El Jura francés lleva más tiempo en esto: la primera montura de alambre se fabricó allí en 1796 y, hacia 1882, el valle de Morez producía 11 millones de pares al año. Y Danyang, en la provincia china de Jiangsu, se quedó con las lentes: según People's Daily Online, allí hay más de 1.600 empresas que producen más de 400 millones de pares de lentes al año, cerca de la mitad de las lentes del mundo y en torno al 70% de las de China.

Cuatro ciudades, cuatro respuestas distintas. Belluno se mantuvo grande, con grandes grupos globales y pymes especializadas en componentes conviviendo en el mismo valle. Danyang apostó por el volumen. El Jura se encogió: un reportaje del sector de 2016 situaba el empleo del valle de Morez en unos 1.600 puestos, frente a los 10.000 de los años setenta, y en 2.500 en toda Francia. Sabae apostó por la técnica y nunca persiguió el tamaño. Y cuatro es una cifra cómoda más que un recuento estricto: la prensa local describe a Daegu, en Corea del Sur, como el mayor distrito óptico de su país, con un consejo creado en marzo de 2026 para reactivarlo. Aun así, una fiesta que abre el distrito entero durante dos días es muy propia de Sabae.

De un trabajo de invierno a la montura de titanio

El origen de Sabae es casi demasiado redondo. Los inviernos de Fukui entierran los arrozales bajo la nieve y dejaban a los agricultores meses sin nada que hacer. En 1905, un vecino llamado Gozaemon Masunaga trajo artesanos de gafas desde Osaka y enseñó a fabricar monturas como oficio de temporada. Dividió el trabajo en fases para que un principiante pudiera aprender una sola pieza cada vez, y por eso en la zona todavía describen el lugar como una fábrica enorme a la que le hubieran quitado las paredes. Una montura puede recorrer una sucesión de talleres pequeños antes de estar terminada.

El titanio, el material que dio fama internacional a Sabae, es ligero y resistente, y también incómodo de trabajar. En la ficha con la que la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología resume un proyecto con la Universidad de Osaka y el fabricante de Sabae Charmant, estampar, cortar, unir y decorar la superficie resultan más difíciles en titanio que en acero o cobre, y las aleaciones de soldadura funden tan caliente que el calor se extiende y deforma la montura. La Asociación Óptica de Fukui sitúa la solución en 1983, cuando la ciudad desarrolló y produjo las primeras gafas de titanio ligeras y resistentes del mundo. Las monturas que hoy casi no se notan empiezan ahí.

El distrito se redujo a menos de la mitad

Sabae estuvo a punto de perderlo todo. Un informe del Banco de Desarrollo de Japón y el Banco de Fukui, publicado en 2022, documenta esa caída con frialdad. Los envíos de gafas de Sabae tocaron techo en 2001 con 64.000 millones de yenes, unos 410 millones de dólares, y se desplomaron hasta los 28.000 millones de yenes, unos 179 millones de dólares, en 2010. Llegaron las importaciones baratas de China, las cadenas de precio único reescribieron lo que un cliente esperaba pagar y el precio medio de venta en Japón bajó de 27.666 yenes en 2006 a 21.400 yenes en 2019. Los talleres también se redujeron: las empresas ópticas de Fukui con cuatro o más empleados pasaron de 387 en 2003 a 237 en 2013 y 195 en 2021, según la Oficina Regional de Hacienda de Hokuriku.

Y entonces dejó de caer. En 2019 los envíos habían vuelto a 36.100 millones de yenes, unos 231 millones de dólares. No es el máximo histórico, pero la recuperación se apoya en otro modelo: menos subcontratación anónima para marcas extranjeras y más talleres que ponen su propio nombre en la varilla y venden directamente a quien le importa este asunto. Megane Fes, que arrancó en 2014 con el lema "gracias, gafas", es esa estrategia convertida en fiesta.

Dos días en los que la ciudad entera es un mostrador de óptica

La edición de 2026 lleva por lema "Global Vision, Local Fun" y llena el Museo de las Gafas (2-3-4 Shinyokoe, Sabae, prefectura de Fukui) y las sedes temporales de los alrededores con unos 90 puestos, más de 40 de ellos de empresas del sector óptico.

Una parte es compra sin más. "Meet! Meet! Megane!" reúne a 13 empresas de la zona para que te pruebes las monturas con quien las ha fabricado al lado. Otra parte es lo verdaderamente curioso: "Mega-Ten" pone en escena a 12 fabricantes que nunca tienen escaparate, los que se ocupan de bisagras, lentes, tratamiento de superficies y reparaciones. Hay un funeral para gafas gastadas, un rincón de experiencia laboral donde los niños cobran en vales que pueden gastar en el recinto, conciertos, un desfile de moda y algo llamado MEGANE Macho Grand Prix, que es exactamente lo que parece.

Y luego están los estudiantes. Alumnos de segundo curso de diseño del instituto Sabae exponen monturas hechas en clase, bajo el nombre de puesto "Chiiki no Design: Tange Lecture 2026". Una de ellas, Marin Takeuchi, hizo unas gafas de cara triste. Contó al diario Fukui Keizai Shimbun que trabajó para que los ojos de quien las lleva parezcan caídos y tímidos, y que la montura admite un cristal en forma de lágrima para esos momentos en que "quieres llorar pero no puedes". Es una intención de diseño que difícilmente saldría de un producto comercial.

Cartel oficial de Megane Fes 2026

Fuente: Asociación Óptica de Fukui (PR TIMES)

Cómo cortar tu propia montura

El Museo de las Gafas imparte un taller de fabricación de monturas todo el año. Eliges entre unos 70 diseños y 500 materiales, y cortas y limas tú mismo el frente con una segueta y limas de mano antes de que un artesano dedique unos dos meses a terminarlo y te lo envíe. El curso estándar cuesta 28.000 yenes, unos 179 dólares, y el abreviado 31.300 yenes, unos 200 dólares, ambos con estuche, grabado y envío incluidos. Hay que reservar con al menos seis días de antelación, conviene ir acompañado porque se necesitan dos participantes como mínimo, y los miércoles está cerrado.

Si quieres ver las fábricas de verdad, hay una excursión en autobús a las plantas de gafas el 18 de septiembre de 2026, la víspera del festival. Y si tu viaje cae algo más tarde, RENEW se celebra del 9 al 11 de octubre de 2026 y abre los talleres de Sabae, la ciudad de Echizen y el municipio de Echizen, el mismo evento que sumó unas 55.000 visitas en tres días en 2025.

Llegar dejó de ser excusa en 2024. La ampliación del Shinkansen de Hokuriku se inauguró el 16 de marzo de 2024 y dejó la estación de Fukui a tan solo 2 horas y 51 minutos de Tokio. Desde allí, un tren local hasta la estación de Sabae por la línea Hapi-Line Fukui y unos 10 minutos a pie; en coche, tres minutos desde la salida de Sabae. Está previsto habilitar aparcamientos temporales y autobuses lanzadera, y el festival se celebra con lluvia o sol, con entrada gratuita.

¿Hay una ciudad así en tu país?

Sabae es de esos lugares que no deberían existir en una economía globalizada: una ciudad pequeña, un solo producto, más de un siglo haciéndolo y una fiesta de dos días en la que la propia cadena de suministro te vende la comida y paga a los niños con vales. Apuesta por dejar entrar a la gente.

¿Hay en tu país alguna ciudad que lleve cien años fabricando una sola cosa? ¿Y sigue fabricándola, o donde estaba la fábrica hay ahora un museo?

Referencias