🥢 Por primera vez en el mundo, cualquier persona podrá entrar en unos grandes almacenes y comprar una anguila criada desde el huevo. La Agencia de Pesca de Japón anunció el 19 de mayo que la anguila japonesa de cultivo completo se pondrá a la venta para el público general el 29 de mayo, a un precio aproximado de 5.000 yenes (unos 31 dólares) por pieza. Sigue siendo cara frente a la anguila convencional, pero hay un dato que vale la pena retener: hace diez años, producir una sola angula costaba 40.000 yenes. Hoy cuesta 1.800. Una reducción de 22 veces. Con la temporada veraniega de la unagi a la vuelta de la esquina, el frágil futuro de una especie en peligro que Japón sigue comiendo empieza a tomar forma en un mostrador de Tokio.

"Entre las tres mejores que he comido en mi vida", según el ministro

La venta tendrá lugar en la tienda principal de Mitsukoshi en Nihombashi, en el centro de Tokio, y a través de la web de comercio electrónico del grupo AEON, según informó la agencia.

Diez días antes del inicio de la venta, el ministro de Agricultura, Silvicultura y Pesca, Norikazu Suzuki, asistió al anuncio y probó un trozo del producto a la parrilla. Su veredicto fue inusualmente directo: "Sin duda está entre las tres mejores anguilas que he comido en mi vida". En la política japonesa, los ministros rara vez se comprometen tanto con un juicio gastronómico, sobre todo cuando se trata de un proyecto que su propio ministerio ha apadrinado durante dos décadas.

El cultivo completo consiste en tomar huevos de peces adultos criados artificialmente, incubarlos y criar a la siguiente generación hasta que vuelva a desovar. Es decir, cerrar todo el ciclo vital en manos humanas. En cambio, prácticamente toda la anguila que hoy se vende en Japón procede de un "semicultivo": las angulas se capturan en ríos y estuarios, y luego se engordan en estanques. La venta de prueba es el primer paso para dar la vuelta a esa cadena de suministro.

De 40.000 a 1.800 yenes por angula

Las cifras cuentan la historia.

Según la Agencia Japonesa de Investigación y Educación Pesquera, producir una angula artificial costaba unos 40.000 yenes en el ejercicio fiscal de 2016. Tras introducir alimentadores automáticos y rediseñar los sistemas de estanques, la cifra ha bajado hasta unos 1.800 yenes. Una mejora de eficiencia de 22 veces.

Aún así, sigue siendo tres o cuatro veces más que el coste de capturar una angula silvestre. La agencia apunta ahora a unos 800 yenes por angula (unos 5 dólares), nivel a partir del cual investigadores consideran que el cultivo completo sería realmente competitivo frente a la pesca tradicional.

Una anguila adulta al por menor rondará los 5.000 yenes, unos 31 dólares al tipo de cambio del 19 de mayo (159 yenes por dólar). Para comparar, una porción de kabayaki envasado al vacío de origen chino se vende en un supermercado japonés por 2.000–3.000 yenes, y un menú premium de unaju en un restaurante tradicional cuesta entre 4.000 y 5.000 yenes. La "primera del mundo" se sitúa más cerca del precio de un capricho de domingo que del de una rareza para coleccionistas.

¿Por qué cultivarlas? La llegada de angulas ha caído un 90% desde los años setenta

Detrás de la historia tecnológica hay otra mucho más dura.

La anguila japonesa (Anguilla japonica) figura desde 2014 en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie "En Peligro". El Ministerio de Medio Ambiente japonés ya le había dado un estatus equivalente el año anterior. Las causas se solapan —sobrepesca, presas, pérdida de hábitat, cambios en la corriente de Kuroshio—, pero la tendencia es inequívoca. La llegada de angulas a las costas japonesas ha caído alrededor de un 90% desde los años setenta.

Un estudio prepublicado en 2025 actualizó datos de captura por unidad de esfuerzo a lo largo de tres generaciones de anguila (24 años) y estimó que las poblaciones de anguila amarilla y plateada han caído entre un 79,2% y un 99,9% según el conjunto de datos. El reclutamiento de angulas es más volátil, pero está en mínimos históricos.

Y Japón, por sí solo, consume entre el 50% y el 70% de la anguila del mundo. Ese desajuste resume todo el problema en una sola frase.

La presión también es diplomática. En 2025 la Unión Europea propuso incluir todas las especies del género Anguilla —incluida la anguila japonesa— en el Apéndice II de la CITES, en la reunión CoP20 celebrada en Samarcanda, Uzbekistán. La propuesta fue rechazada de forma contundente el 5 de diciembre de 2025, con 100 votos en contra y 25 a favor. Japón lideró el bloque opositor junto con China, Corea del Sur y Taiwán, apoyado por asociaciones del sector pesquero que argumentaban que la inclusión no cumplía los criterios científicos y que en la práctica solo alimentaría el comercio ilegal. La amenaza comercial inmediata se ha alejado, pero la crisis de conservación de fondo no, y es casi seguro que propuestas similares vuelvan en futuras reuniones de la CITES. A escala comercial, el cultivo completo funciona en ese sentido también como un seguro: una vía para que Japón pueda seguir comiendo anguila aunque la próxima vez el comercio internacional se cierre.

El plazo de 2050: abastecimiento 100% humano

El Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca japonés se ha fijado un objetivo nacional: que en 2050 el 100% de la anguila distribuida proceda de angulas producidas artificialmente.

Quedan 25 años. La venta del 29 de mayo es el pistoletazo oficial de salida. Una anguila de 5.000 yenes no convencerá mañana al hogar medio de abandonar el kabayaki importado, pero marca el momento en el que la producción de ciclo completo deja de ser un resultado de laboratorio para convertirse en un producto que cualquiera puede comprar.

La investigación viene de lejos. La Universidad de Hokkaido logró la primera incubación artificial de huevos de anguila del mundo en 1973. La Agencia Japonesa de Investigación y Educación Pesquera confirmó en 2010 un ciclo cerrado completo: adulto → huevo → angula → adulto → nueva puesta. Desde ese hito hasta la etiqueta de precio en unos grandes almacenes han pasado otros dieciséis años.

La industria privada se está sumando. Yanmar Holdings ha registrado patentes de tecnología de producción junto con la agencia oficial. Yamada Suisan, un productor importante de la prefectura de Oita, apunta al cultivo completo comercial para 2028 y prepara exportaciones de anguila libre de antibióticos a Europa. La startup israelí Forsea, que desarrolla anguila cultivada a partir de células, también tiene el mercado japonés en el punto de mira.

Una tradición de verano y una especie en peligro

El telón cultural importa. La costumbre de comer anguila durante las semanas más calurosas del verano —Doyo no Ushi no Hi, "el día del buey de pleno verano"— fue popularizada a finales del siglo XVIII por el polímata Hiraga Gennai, en parte como una campaña de marketing para restaurantes de anguila en apuros. En 2026, esa fecha cae el 25 de julio y el 6 de agosto. Las cadenas de tiendas y supermercados desplegarán sus campañas habituales de kabayaki, casi siempre sin recordar que la especie central de todo esto está en peligro.

Un futuro en el que el cultivo completo abastezca el mercado a precios razonables es una de las pocas vías realistas para resolver esa contradicción. Por ahora, 5.000 yenes sitúan la nueva anguila firmemente en la categoría de "ocasión especial", no en la de consumo diario. Pero la tecnología ha cruzado la línea entre lo posible y lo comprable.

La venta de prueba es el primer apretón de manos real entre décadas de investigación y el mercado de consumo. Para los lectores fuera de Japón, también es una oportunidad de observar cómo un país intenta seguir comiendo una especie en peligro sin empujarla a la extinción, y si esa estrategia se sostendrá en el tiempo.

¿Hay algún alimento en tu país que haya estado al borde de la extinción? ¿Qué tecnologías o normas, si alguna, han funcionado realmente para recuperarlo?

Referencias